Notas del episodio
La trampa del empleado indispensable: por qué llevar diez años operando una máquina no te convierte en supervisor
Existe un drama silencioso que se repite a diario en talleres, plantas de producción, centros de distribución y oficinas logísticas de todo el mundo
Imagina esta escena: hay un colaborador que entra temprano, casi nunca falta, acepta horas extras, conoce la máquina mejor que el propio fabricante, empaca materiales a una velocidad envidiable o coordina las entregas de memoria sin mirar un solo mapa
Es, sin duda alguna, un maestro absoluto en su puesto operativo
Lleva cinco, ocho o diez años haciéndolo de manera impecable
Y dentro de su cabeza se ha ido alimentando una fantasía silenciosa: la convicción de que un día, el gerente o el dueño de la empresa se le acercará, le dará una palmadita en la espalda y le dirá: "Hemos visto lo duro que trabajas y los años que llevas con nosotros. A partir de mañana, tú eres el supervisor de esta área"
Pero el día llega, la plaza de supervisión se publica... y la empresa contrata a una persona de fuera o le da el puesto a un compañero con apenas dos años en la compañía
La reacción del veterano es instantánea, amarga y desgarradora: "En esta empresa no valoran la lealtad de nadie. Le dieron mi puesto a un aparecido. Me traicionaron"
Y aquí es donde debemos detenernos y quitarle el maquillaje a la realidad, por más incómoda que sea
Es verdad que existen Empresas Cavernícolas que operan con favoritismos, amiguismos e injusticias flagrantes
Organizaciones que no tienen la menor idea de cómo gestionar el talento y que usan las promociones como un premio de consolación para el que mejor cae en lugar de medir la capacidad real
Eso existe y hay que nombrarlo con todas sus letras
Pero hay otra explicación, mucho más cruda y difícil de digerir: llevas diez años demostrando que eres un ejecutor extraordinario en tu puesto actual, pero no has dedicado ni diez minutos a demostrar que posees las capacidades necesarias para manejar el puesto siguiente
